La Máscara Negra

Publicado por JLT en

Bajo la Luz de la Luna

Año 1499 – Palacio Subterráneo de las Ilusiones, Florencia, Italia

Para llegar hasta al salón de baile se debe cruzar un largo y amplio pasillo que desciende hasta llegar a las profundidades de la tierra, debajo de la ciudad de Florencia; pocos saben de su existencia, menos logran obtener una invitación para entrar. Invitación que llegó hasta las manos de una desconocida que quedó cautivada por el Señor del Palacio. El misterioso hombre de una antigua familia de Inglaterra que pocos han tenido la fortuna de conocerlos.

Entre la burguesía se cuentan los rumores de que el Señor del Palacio es inmortal, es una entidad desconocida que tiene forma humana. Se sabe que, en las sociedades secretas en las diferentes cúpulas de poder por todo Europa, existe un nombre que no se debe pronunciar, ni siquiera en el Vaticano lo tienen permitido. “El Señor que controla desde la oscuridad”, esas fueron las últimas palabras de aquel que se atrevió a desafiar los rumores para encontrar la verdad.

Hoy es un día especial, hoy el Señor ha llamado a toda Europa a un baile en su Palacio subterráneo. Se tiene la creencia que grandes proezas y alianzas han surgido entre los pasillos del Palacio y sus enormes jardines; descubrimientos, avances, arte, uniones se dan entre las paredes del Palacio decorado con arte de todas las épocas de la humanidad, incluyendo aquella que cayó en el continente perdido. En ciertas cámaras del Palacio hay cristales hermosos que cuentas historias fantásticas que vuelven locos a aquellos con una mente cerrada, una mente no lista para lo que ven más allá de su cotidianidad y realidad.

Ella se para frente a las puertas de la entrada al Palacio de las Ilusiones, los guardias al no reconocerla le piden que se retire, pero ella les reclama que tiene una invitación. Por su fortuna uno de los más cercanos al Señor del Palacio se acerca para acompañarla. Ella, la hija de una cortesana que tuvo que trabajar más de lo que necesitaba para comprarle un elegante vestido a su hija es vista con malos ojos por las clases altas que se encuentran en el edificio que da a las puertas del Palacio de las Ilusiones.

Su vestido verde con decoración dorada, su mascara negra y su cabello rizado obligan a los barones a verla con ojos de lujuria, pero ella solo está interesada en el hombre que conoció mientras le hacia compañía a su bella Madre. Todo en él era perfecto, como si el averno hubiera moldeado el pecado del mundo para que todas cayeran antes sus pies, suplicando un poco de su divinidad.

El hombre cercano al Señor tiene esa misma aura de divinidad que le resulta irresistiblemente cautivador a tal nivel que su cuerpo suda y se humedece llenándola de pensamientos provocativos que la hacen estremecer. Sus palabras, el hermoso sonido le provocan que su abdomen se contraiga imitando los espasmos que su mente subconsciente tanto desea, pero no, ella sabe que su intimidad le pertenece al hombre que la cautivó como si fuera el mismo Demonio unido a Dios, en una danza que la busca llevar hasta el éxtasis y la gratificación absoluta.

La platica le parece poco apetecible, aunque sus palabras resuenan y la hacen sentir que la tensión se liberará en una escalonada e incesante sensación de placer que no es algo natural en los humanos. El miedo por lo desconocido queda a un lado y las incógnitas sobre quienes son realmente estos seres divinos vestidos con pieles humanas que ostentan tanto poder entre los más acaudalados son inútiles ante los pensamientos que no dejan de saciar su sed por amor líquido.

Han llegado hasta el Palacio de las Ilusiones. Uno de los más cercanos al Señor ha cumplido su mandato, ella está lista para entrar al salón del baile. Las puertas doradas se abren ante ella y el espectáculo de luces deleita sus sentidos hasta el punto de sentir que no podrá soportarlo más. La música suena en todo el salón mientras los invitados observan sin poder creerse las maravillas que adornan las paredes del salón, maravillas artísticas de las pasadas cinco humanidades.

Con timidez camina por el gigante salón en su misión de encontrar al ser tan anhelado que ha sido su única razón de su existencia desde que lo conoció. Al admirar un hermoso cuadro de una metrópolis circular con una montaña en su centro, él aparece por detrás y sin previo aviso besa su cuello de forma salvaje; su reflejo la obligo a quitarse, pero su aura de divinidad la ha envuelto y su mente cede el cuerpo y la voluntad. Sin dejar de ver el cuadro disfruta la sensación que sus besos le provocan; sus músculos del cuello y la espada se contraen y se relajan, generando oleadas de calor que la hacen sudar a pesar del frio que adolece los huesos.

Al no soportar más ella se voltea, pero él ya no está. Se muerde el labio hasta sangrar por el vacío que le dejó. Sin esperarlo empieza a sentir la misma sensación por su espalda, pero cuando voltea no ve nada, la sensación recorre sus piernas y sube hasta su pecho; la música sube de volumen al mismo tiempo que sus jadeos empiezan a incomodar a los invitados que la ven sin sorpresas, ya saben que este tipo de cosas pasan en el palacio de las Ilusiones.

Ella le pide que se detenga, ya que su cuerpo no puede soportar más placer en su piel; ella quiere que su divinidad este dentro y le llene el vacío que sus promesas en forma de caricias le susurran las historias de la gratificación absoluta. Él sabe que ella ha probado el cielo y su ser se ha vuelto adicto a ello; su alma está incesante en la búsqueda de la comunión con su muerte y cuerpo, pero no es algo que le sorprende, era algo que ya esperaba de ella, algo que se ha repetido vida tras vida por los últimos diez mil años. Diferente lugar, diferente situación, diferente época, él y ella siguen siendo el patrón inalterable que no pueden dejar de encontrarse en la carne. Sus mentes extasiadas por su nuevo encuentro son cautivadas por la nueva historia con la misma estructura.

Como si fuera una niña corriendo por un parque con las ilusiones de un mundo creado para ser libre y feliz, ella corre por el salón lleno de poderosos líderes de Europa que marcan el rumbo del mundo. Conquistadores voltean y la ven correr hacia el otro lado del salón, en sus mentes no hay cabida para tales comportamientos en una fiesta de este nivel, pero saben que estos son sus territorios, saben que la palabra del Señor que controla desde la Oscuridad es absoluta y nadie en todo el mundo desarrollado que ostenta poder sobre otros, sabe que puede desafiarle, pues terribles accidentes llegan a ellos; locura, demencia que los conduce al suicidio, nadie acaba bien cuando se desafía al Señor que lo controla desde la Oscuridad, para él esto es un juego de las escondidas que dura décadas o siglos hasta que ella vuelve a aparecer. La historia se repite hasta el día en que ella debe liberarse, hasta que el día en que ella sepa la verdad, hasta ese día, él jugará a encontrarla con los lideres del mundo como sus testigos.

Ella llega hasta la puerta que se abre para no devolver a nadie. Los invitados observan pasmados cómo es que ella entra por su invitación a la misteriosa puerta que nadie sabe que esconde detrás. Un misterio que ni siquiera los más capaces se atreven a imaginar. La puerta abierta en totalidad muestra una pared de plasma con miles de ojos que se ven a los invitados, pero cuando ella se acerca y los toca, todos empieza a sangrar y a moverse frenéticamente como si le tuvieran pavor. Ella, con una sonrisa excelsa atraviesa la pared; los ojos se cierran y la puerta vuelve a esconder sus secretos.

La habitación está oscura y el llanto de criaturas gigantes se escucha a su alrededor, criaturas agonizantes que prolifera sus últimos gritos de vida. Sin miedo, extasiada de placer y con una necesidad incesante de sentirse plena espera pacientemente a su Señor. Él surge de la nada y ante la falta de luz puede sentir levemente su divinidad que sus primitivos sentidos no pueden apreciar, lo puede sentir dentro, más su mente es incapaz de decodificarla con plenitud.

Él toma su mano y la lleva, pero antes le reclama que quiere ver; cumple su voluntad y se ve rodeada de criaturas malditas que protegen el Palacio de aquellos que no deben de ver más allá de sus limitados conocimientos que apenas lograr desvelar las verdades que por siglos estuvieron ocultas ante sus ojos por la falta de objetividad ante un mundo pequeño, plagado de distracciones que dan respuestas fáciles para mentes que no buscaban trascender su pequeña concepción de su posición en la existencia.

Las criaturas la observan con miedo; sienten algo en ella que ni siquiera el Señor del Palacio les hace sentir. Oscuridad es algo incomparable con el Caos. Ambos lados son alineados por los lazos invisibles del Caos que mantiene una relación con el Control, que a su vez intenta posicionarse como un referente, pero sabe que es toda una ilusión; la danza del Caos y el Control dan forma a las cosas. Ella es Caos y él es Control, pero ella no lo sabe.

Llegan hasta el cuarto principal del Palacio; las ventanas dan una vista espectacular de montañas. Ella no puede comprender la naturaleza de lo que sus ojos ven; llega a la conclusión de que se trata de una ilusión, una hermosa ilusión que le olvida que se encuentra bajo tierra. Él la observa como si fuera la primera vez, y tiene razón, es la primera vez que la ve. Vida tras vida no cambia lo que el corazón siente, el amor trasciende tales limites mundanos; la carne, la mente, el espíritu se arrodillan ante las cosas que mantienen unidas todas las cosas, el poder supremo y el causante de todos los problemas, la carencia de unicidad que provoca que lo mundano evolucione a lo perfecto a través de un océano infinito de experiencias.

La abraza, se unen bajo el poder supremo; el tiempo se detiene y el espacio deja de doblarse. Todo pasa a ser un sueño y lo único que existe es el momento. Sus ojos de más de diez mil años lloran el momento como si nunca lo hubiera hecho antes; sus memorias se pierden y su consciencia lo concibe como si no existiera el tiempo, como si todo hubiera sido una ilusión para llegar a este momento. Sus cuerpos, aunque diferentes, sus entrañas obedecen el momento, reflejando a través de la carne lo que el alma tanto anhelaba.

La desnudes da paso a la entrega total; su unión es magnética y nada puede separarlos. Ahora son uno en cuerpo, mente, espíritu y alma; volviendo al origen de la existencia, al sentir que la historia que ambos contaron fue una excusa para separarse hasta volverse a encontrar. Su destino es encontrarse sin importar la distancia o el Universo en que se encuentren. Su conexión no obedece ninguna ley, su conexión trasciende el océano de lo infinito, lo usa para distraerse hasta volver a unirse. Entidades inseparables que juegan con la ilusión de la separación. Entidades que materializan su unión a través de la carne y la mente.

El éxtasis es absoluto, lleva a su cuerpo al limite de lo que puede experimentar, sus sentidos empiezan a disolverse y su consciencia se hunde en su ser. Para él no es suficiente, busca más, busca usar el mundo que controla para satisfacer sus deseos infundados de su corta existencia en este Planeta producto de mentes confundidas y desesperadas, pero ella así lo quiso y por lo tanto él tuvo que descender para estar junto a ella a pesar del peligro que existe, aún cuando ambos son verdaderamente seres que trascienden todo.

Su sed de sangre lo obliga a llevarla a ella hasta una tina llena de un liquido color tinto. La sumerge mientras su cuerpo se convulsiona por tantos espasmos que su sistema nervioso apenas puede soportar, sino fuera por él, su cerebro ya estaría destrozado. La sumerge en la tina y vuelven a unirse; y las necesidades de las carnes se satisfacen en su intento de reflejar en su propia forma el poder supremo. Ella se percata que es sangre lo que la envuelve, pero eso no la detiene, por el contrario, su éxtasis aumenta junto con la de él.

La tina no soporta el movimiento perpetuo de ambos y se rompe, derrochando la sangre en los finos tapetes de exóticos animales de otras eras. Sin separarse, él la levanta sin esfuerzo y la acuesta sobre la cama, al lado del cadáver de una mujer vestida de forma elegante. Su piel aún cálida demuestra que hasta apenas unos segundos ella seguía con vida, con su sangre siendo drenada para llenar la tinta. Ella se detiene cuando al verla bien se da cuenta que se trata de su querida Madre, su mente se bloquea, pero al verlo a los ojos vuelve a ceder, él es lo único que importa en toda la existencia, él, la representación de su interior que con tanto anhelo busca la unicidad, y la entropía de sus manifestaciones físicas, aunque nunca las conseguirá hasta que el canvas logre la perfección absoluta y todo vuelva a ser uno.

Él la sube sobre el cuerpo de su Madre y ambos con movimientos voraces empiezan a desgarrarle el cuerpo; su carne y la poca sangre que tenía tiñen su desnudez de una escena excesivamente macabra. Las risas y los jadeos resuenan en toda la habitación mientras juegan con los restos de su cadáver. Llega el punto hasta que no queda nada de ella más que pellejos de lo que una vez fue una mujer que no lo vio venir, pero así es él; guardián del colectivo humano, influenciado por los crímenes más atroces y los pensamientos más bajos. Por miles de años su personalidad actual fue siendo pulida hasta convertirse en algo que juró nunca convertirse, pero su amor por ella lo mantiene cuerdo.

Su unión da frutos como en todas las vidas pasadas; sus hijos son excepciones en todo sentido que pueden llegar a ser algo indeseable para ambos, algo que por fortuna no trasciende el tiempo de vida de un humano común y corriente, aunque pueden llegar a ser extraordinarios si logran percatarse de su verdadera naturaleza.

Ahora que ambos volvieron a encontrarse ya nada los podrá separar más que la muerte. Una muerte que él sufrirá como si fuera la primera vez. El ciclo se repite, él la buscará por tierra y por mar, y ella lo buscará a través de sus sueños. Están destinados a encontrarse hasta que el ciclo se rompa, hasta que ella libere la pesada carga que yace sobre sus hombros y que la maldice a tener una vida de eterno sufrimiento; hasta que él aparece y todo cambia, el sufrimiento se torna placentero, el sufrimiento empieza a formar parte de su ser y el infierno se convierte en el paraíso.     



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